Habitación 505

red and white interior designEl sabía que esto acabaría sucediendo, era inevitable, a sus cincuenta años lucía más hermosa que nunca, esbelta, risueña, inteligente, divertida, apasionada en cada gesto, con la mirada eternamente curiosa y sabia.

Todo se orquesto una tarde en la que ella se arregló para ir a un café con dos amigas; en cuanto cruzó la puerta todo su ser se envenenó; fumando desesperadamente registro armarios y cajones y la verdad se reveló en su cabeza; tenía un amante, al fin y al cabo era lo natural, una mujer como la suya ¿qué podía encontrar en un tipo tan mediocre como él?.

Comenzaron, las sospechas, los registros minuciosos del bolso, olfatear cada centímetro de su ropa usada en busca del aroma de otros brazos, las facturas de los detectives que la seguían a cada paso que daba.

En dos años; nada, no pudo encontrar nada, y la desesperación lo iba consumiendo poco a poco hasta hacerlo enfermar, había perdido quince kilos, su cara era la de un cadáver, grisácea y ojerosa.

Una mañana de domingo al comprar el periódico en el kiosco de la esquina lo vio; era perfecto, un metro noventa, complexión atlética, guapo, varonil; realmente perfecto; se sintió brillante cuando la idea surgió en su corazón.

En la habitación 505 como cada viernes, sentado en un sillón fumando sigilosamente, pegado a la pared, sufre tranquilo la infidelidad a medida de un amante confeccionado a golpe de talonario que llene de fantasía dirigida y supervisada a la mujer que él ama locamente.

En la habitación 504 como cada viernes, una mujer extraordinaria se deja amar torpemente por un amante a sueldo, sintiendo al otro lado de una triste pared de hotel la presencia, el olor y la desdicha del hombre que tan profundamente ama.

Sam Deló.

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