Amor

images (6)Se metió en la ducha; el agua caliente moldeó su esbelta figura, llenó las palmas de sus manos con jabón francés, las acerco a su nariz para respirar el aroma lleno de matices de París, y se enjabonó muy despacio sin esponja; mimando cada rincón de su piel, al salir

se secó con dulzura, permitiéndose sentir la tierna caricia de la toalla; se miró en el espejo y sonrió, la imagen que la observaba al otro lado era realmente hermosa; el alegre brillo de sus ojos color avellana y su piel pálida espolvoreada de pecas le daban un aire perpetuamente juvenil.

En su habitación comenzó con el ritual; encendió las luces del enorme armario santuario de cientos de prendas llenas de su esencia; elegantes, serenas y atemporales. Abrió todas sus puertas y ojeó minuciosamente el interior, no dudó en su elección; un vestido con escote palabra de honor negro con detalles color hueso. Mirándose en el espejo de cuerpo entero se engalanó con un conjunto de ropa interior negro de exquisito encaje, y una vez puesto el vestido estuvo un momento contemplándose con la mirada perdida y una media sonrisa que la hacía totalmente irresistible.

Confeccionó de forma rápida un elegante moño con su larga melena salteada de tiempo, uso el maquillaje preciso para dar énfasis a sus preciosos ojos, y encaramándose a unos altos zapatos negros abrazó el bolso de piel para salir decidida y satisfecha.

El tráfico estaba muy denso, y temió no llegar a tiempo, sabía que él la esperaría pero no quería llegar tarde, como en cada cita su estomago se lleno de mariposas que revoloteaban porfiadas durante todo el viaje, repasó su imagen y se sintió satisfecha, deseaba estar espectacular par él.
Aparcó rápida, y aceleró el paso, cruzó puntual la verja de hierro, y pudo verlo nada más girar en la primera esquina; al igual que siempre la esperaba inmóvil con una eterna sonrisa.

Como cada domingo el Amor recorrió pleno cada rincón de su cuerpo.

Lo besó y en un susurro lleno de calor pronunció:

-Te quiero Mi Amor.

Por toda respuesta recibió la frialdad de dos eternas fechas que sentenciaban una vida de 82 años, y lo que eran ya 10 primaveras de ausencia.

Sam Deló.

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