La sabia voz del corazón

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Un pensamiento de gratitud inundó su mente al contemplar con el corazón los campos de almendros en flor que le acompañaban con su hermosura mientras cruzaba la verja de Oniros; una majestuosa finca al lado del mar mediterráneo; detuvo sus pasos un eterno momento en el patio para sentir como en tantas otras ocasiones que el tiempo se había detenido, la delicadeza de sus jardines salpicados de mil flores distintas, el mosaico romano confeccionado con los bellos colores de la tierra, el frescor suspirado desde la fuente que presidia fecunda el centro de aquel terrenal paraíso; los mil aromas a vida, los colores vivos y fluctuantes de toda aquella naturaleza emborracharon sus sentidos, se dejó caer despacio en un banco de piedra y respiró con calma las lágrimas de dicha que rodaron por sus mejillas, despertó de aquel plácido ensueño al oír como su Diosa lo llamaba, Neo recorrió los metros que lo separaban del porche, y su corazón se aceleró al contemplarla bajo la luz del atardecer:

.-¿Cómo está mi Diosa? ¿Hace mucho que me esperas?; ella sonrió con cierto pudor al oír como sus ojos las llamaban Diosa.

Se unieron en un cálido beso y cruzaron una vez más el espejo que canta fuera del tiempo, transcendiendo conscientes el cuerpo a través del cuerpo.

Las puertas se abrieron, entonces el abrió sus ojos y se puso en marcha, tenía el tiempo justo, para recorrer el frío pasillo embaldosado y subir sin dudas las cuarenta escaleras que lo esperaban oscuras como cada mañana, una vez arriba quince minutos y doscientos metros lo separaban de ocho horas de duro trabajo y como cada mañana desde hacía casi tres años escuchó la sabia voz de su corazón: .- Ten confianza, vive libre y agradecido, hoy has podido volver a soñarlo; cada día que lo sueñas lo tienes un día más cerca.

Sam Deló.

 

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