La Vida

La vida

La vida

La llamó, necesitaba hablar con ella, decidieron dar un paseo; los pasos lentos, las miradas al frente y ligeramente hacia el suelo.
Comenzó haciéndole reproches veladamente, buscando su habitual punto de victimismo; diciéndole a gritos en sus silencios ¿Por qué me haces esto?.

Los reproches duraron un tiempo; – este momento es muy difícil, -me siento muy perdida, -en el fondo no tengo elección, no sé qué dirección quieres que tome.

La escucha fue atenta y en silencio; sabía que necesitaba soltar todo el lastre que la arrastraba hasta el fondo de sus antiguas miserias, aquel manido discurso era reparador y necesario; ponerlo en voz alta le permitiría ordenar las ideas, relajar las tensas emociones, y vaciarse para dejar hueco a lo que las dos sabían que estaba buscando como en tantas otras ocasiones; devolver el equilibrio al amor, ese amor que destila confianza y seguridad en el sabio abandono.
.-De acuerdo, “como siempre tu ganas”, no voy a poner más energía en todos estos pensamientos de angustia, la voy a focalizar en tranquilizarme y confiar.

Una pareja se cruzó en su camino, no alcanzaron a entender con quien hablaba aquella mujer, sobrecogidos por la inquietud aceleraron el paso era evidente que aunque no pudieran ver a nadie más con sus ojos, aquella paseante sostenía en la fuerza de su mirada y de su palabra la existencia de un interlocutor real.

Ella volvió a casa despacio por la vereda del río sintiéndose llena de dicha, era maravilloso poder hablar cara a cara con la vida.

Sam Deló.

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