Morir, o tal vez emerger

No acertaba a comprender que estaba sucediendo, tan solo un momento antes todo era calma y comodidad cuando de pronto una sacudida eléctrica recorrió todo su cuerpo de arriba abajo, a partir de ese momento un vertiginoso caos se apoderó de su mundo.

Las paredes habían caído sobre el aplastándolo por los cuatro costados, la presión que lo oprimía era insoportable, y seguía aumentando; no podría resistirlo; estaba a punto de morir.

De pronto una potente luz blanca lo envolvió, y algo tiró fuertemente de él; el ruido que surgía de todas partes era descomunal, tan fuerte que lo mareaba, se sintió caer al vacío; y en un último intento de supervivencia tomó una bocanada de aire que le rasgo los pulmones.

Sumido en el más profundo terror, cegado por aquella potente luz, muerto de frío y rodeado de extraños rompió a llorar.

La comadrona en un gesto mecánico adquirido en la experiencia de cientos de partos la envolvió con una sabana y entregándola a su padre dijo: .-es una niña.

Dos grandes lágrimas de condena rodaron por el rostro de su madre; su padre la sostuvo en sus brazos con fría incertidumbre hasta que al fin una enfermera la recogió y apretándola contra su pecho entonando una sonrisa la miró a los pequeños ojos y le auguró: -Bienvenida al mundo pequeña.

En medio de toda aquella confusión aquel ser de cuerpo indefenso sintió la fuerza de su espíritu y no tuvo duda alguna de que había cruzado la puerta de nuevo.

Sam Deló.

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